Jueves, 30 de Octubre 2008
Y yo pregunto a los economistas políticos, a los moralistas, si han calculado el número de personas que es necesario condenar a la miseria, al trabajo desproporcionado, a la desmoralización, a la infancia, a la ignorancia, a la desgracia invencible, a la penuria absoluta, para producir un rico?Almeida Garrett(1799-1854)

publicado por Fundação Saramago
Martes, 28 de Octubre 2008
Para que continue la reflexión, el Manifiesto abre por un día más el Cuaderno.Hace unos días varias personas de distintos países y posiciones políticas suscribimos el texto que copio a continuación. Es una llamada de atención, una protesta, la expresión de la alarma que sentimos ante la crisis y las posibles salidas que se barajan. No podemos ser cómplices."¿Nuevo capitalismo?"Ha llegado el momento del cambio a escala pública e individual. Ha llegado el momento de la justiciaLa crisis financiera esta de nuevo aquí destrozando nuestras economías, golpeando nuestras vidas. En la última década sus sacudidas han sido cada vez más frecuentes y dramáticas. Asia Oriental, Argentina, Turquía, Brasil, Rusia, la hecatombe de la Nueva Economía, prueban que no se trata de accidentes fortuitos de coyuntura que transcurren en la superficie de la vida económica, sino que están inscritos en el corazón mismo del sistema.Esas rupturas que han acabado produciendo una funesta contracción de la vida económica actual, con el aumento del desempleo y la generalización de la desigualdad, señalan la quiebra del capitalismo financiero y significan la definitiva anquilosis del orden económico mundial en que vivimos. Hay pues que transformarlo radicalmente.En la entrevista con el Presidente Bush, Durao Barroso, Presidente de la Comisión Europea, ha declarado que la presente crisis debe conducir a “un nuevo orden económico mundial”, lo que es aceptable, si éste nuevo orden se orienta por los principios democráticos –que nunca debieron abandonarse – de la justicia, libertad, igualdad y solidaridad.Las “leyes del mercado” han conducido a una situación caótica que ha requerido un “rescate” de miles de millones de dólares, de tal modo que, como se ha resumido acertadamente, “se han privatizado las ganancias y se han socializado las pérdidas”. Han encontrado ayuda para los culpables y no para las víctimas. Es una ocasión histórica única para redefinir el sistema económico mundial en favor de la justicia social.No había dinero para los fondos del Sida, ni de la alimentación mundial… y ahora ha resultado que, en un auténtico torrente financiero, sí que había fondos para no acabar de hundirse los mismos que, favoreciendo excesivamente las burbujas informáticas y de la construcción, han hundido el andamiaje económico mundial de la “globalización”.Por eso es totalmente desacertado que el Presidente Sarkozy haya hablado de realizar todos estos esfuerzos con cargo a los contribuyentes “para un nuevo capitalismo”!... y que el Presidente Bush, como era de esperar en él, haya añadido que debe salvaguardarse “la libertad de mercado” (¡sin que desaparezcan los subsidios agrícolas!)…No: ahora debemos ser “rescatados” los ciudadanos, favoreciendo con rapidez y valentía la transición desde una economía de guerra a una economía de desarrollo global, en que esa vergüenza colectiva de inversión en armas de 3 mil millones de dólares al día, al tiempo que mueren de hambre más de 60 mil personas, sea superada. Una economía de desarrollo que elimine la abusiva explotación de los recursos naturales que tiene lugar en la actualidad (petróleo, gas, minerales, coltán…) y se apliquen normas vigiladas por unas Naciones Unidas refundadas -que incluyan al fondo Monetario Internacional, al Banco Mundial “para la reconstrucción y el desarrollo” y a la Organización Mundial del Comercio, que no sea un club privado de naciones, sino una institución de la ONU- que dispongan de los medios personales, humanos y técnicos necesarios para ejercer su autoridad jurídica y ética eficazmente.Inversiones en energías renovables, en la producción de alimentos (agricultura y acuicultura), en la obtención y conducción de agua, en salud, educación, vivienda,… para que el “nuevo orden económico” sea, por fín, democrático y beneficie a la gente. ¡El engaño de la globalización y de la economía de mercado debe terminarse! La sociedad civil ya no será espectador resignado y, si es preciso, pondrá de manifiesto todo el poder ciudadano que hoy, con las modernas tecnologías de la comunicación, posee.¿”Nuevo capitalismo”?. No!Ha llegado el momento del cambio a escala pública e individual. Ha llegado el momento de la justicia.Federico Mayor ZaragozaFrancisco AltemirJosé SaramagoRoberto SavioMario SoaresJosé Vidal Beneyto

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La historia de la adaptación de Ensayo sobre la ceguera al cine ha pasado por altos y bajos desde que Fernando Meirelles, más o menos en torno al año 1997, le preguntó a Luiz Schwarcz, mi editor brasileño, si yo estaría interesado en cederle los respectivos derechos. Recibió como respuesta una perentoria negativa: no. Mientras tanto, en la oficina de mi agente literaria en Bad Homburg, Frankfurt, comenzaron a llover, y llovieron durante años, cartas, correos electrónicos, llamadas telefónicas, mensajes de todas las especies de productores de otros países, sobre todo de Estados Unidos, con la misma pregunta. A todos mandé dar la respuesta conocida: no. ¿Soberbia por mi parte? No era cuestión de soberbia, simplemente no tenía la seguridad, ni siquiera la esperanza, de que el libro fuese tratado con respeto por aquellos parajes. Y los años pasaron. Un día, acompañados por mi agente, me aparecieron en Lanzarote, directamente desde Toronto, dos canadienses que pretendían hacer la película, Niv Fichman, el productor, y Don McKellar, el guionista. Eran personas jóvenes, ninguno de los dos me recordaba a Cecil B. de Mille, y, después de una conversación franca, sin puertas falsas ni reservas mentales, les entregué el trabajo. Faltaba saber quién sería el director. Otros años tuvieron que pasar hasta el día en que se me preguntó qué pensaba de Fernando Meirelles. Completamente olvidado de lo que había sucedido en aquel ya longincuo año 1997, respondí que pensaba bien. Había visto y me había gustado Ciudad de Dios y El Jardinero Fiel, pero seguía sin asociar el nombre de este director a la persona del otro…Finalmente, el resultado de todo esto ya está aquí. Lleva el título de Blindness, con el que se espera facilitar su relación con el libro en el circuito internacional. No vi ningún motivo para discutir la elección. Hoy, en Lisboa, se presentó este Ensayo sobre la ceguera en imágenes y sonidos. La platea estaba bien servida de periodistas que espero que den buena cuenta del recado. Mañana será el preestreno. Conversamos sobre estos episodios ya históricos y, en cierto momento, Pilar, la más práctica y objetiva de todas las subjetividades que conozco, lanzó una idea: “Desde mi punto de vista, el libro anticipa los efectos de la crisis que estamos sufriendo. Las personas, desesperadas, corriendo por Wall Street, de banco en banco antes de que el dinero se acabe, no son otras que las que se mueven, ciegas, sin rumbo, por la novela y ahora en la película. La diferencia es que no tienen una mujer del médico que las guíe, que las proteja”. Mirándolo bien, la andaluza puede tener razón.

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Domingo, 26 de Octubre 2008

Esta Rita a la que quiero parecerme cuando sea mayor es Rita Levi-Montalcini, Premio Nobel de Medicina en 1986 por sus investigaciones sobre el desarrollo de las células neurológicas. Pues bien, Premio Nobel es algo que ya tengo, luego no sería por ambición de esa gran o pequeña gloria, las opiniones de los entendidos divergen, por lo que estoy dispuesto a dejar de ser quien he sido para convertirme en Rita. Para colmo teniendo ya una  edad en la que cualquier cambio, incluso siendo prometedor, siempre se nos presenta como un sacrificio en las rutinas en las que, más o menos, acabamos acomodándonos.

Y ¿por qué quiero e parecerme a Rita? Es sencillo. En el acto de su investidura como Doctora “Honoris Causa” en el aula magna da Universidad Complutense, de Madrid, esta mujer, que en Abril cumplirá cien años, hizo unas cuantas declaraciones (qué pena que no hayamos conseguido la transcripción completa de su improvisado discurso) que me dejaron por un lado asombrado, por otro agradecido, puesto que no es fácil imaginar juntos y unidos estos dos sentimientos extremos. Dijo: “Nunca he pensado en mí misma. Vivir o morir es la misma cosa. Porque, naturalmente, la vida no está en este pequeño cuerpo. Lo importante es la forma en que hemos vivido y el mensaje que dejamos. Eso es lo que nos sobrevive. Eso es la inmortalidad”. Y dijo más: “Es ridículo obsesionarse con el envejecimiento. Mi cerebro es mejor ahora que cuando era joven. Es verdad que veo mal y oigo peor, pero mi cabeza ha funcionado siempre bien. Lo fundamental es tener activo el cerebro, intentar ayudar a los demás y conservar la curiosidad por el mundo”. Y estas palabras me hicieron sentir que había encontrado un alma gemela: “Estoy en contra de la jubilación reforma o cualquier otro tipo de subsidio. Vivo sen eso. En 2001 no cobraba nada y tuve problemas económicos hasta que el presidente Ciampi me nombró senadora vitalicia”.

No todo el mundo estará de acuerdo con este radicalismo. Pero apuesto que muchos de los que me leen también querrán ser como Rita cuando sean mayores. Que así sea. Si lo hacemos, podemos tener la seguridad de que el mundo cambiará enseguida para mejor. ¿No es eso lo que vamos diciendo que queremos? Rita es el camino.

[caption id="attachment_161" align="aligncenter" width="450" caption="Rita Levi-Montalcini- por Cristóbal Manuel para El Pais - http://www.elpais.com"]Rita Levi-Montalcini- por Cristóbal Manuel[/caption]

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Viernes, 24 de Octubre 2008
Esta tarde he oído hablar a José Luis Sampedro, economista, escritor, y,  sobre todo, sabio, sabio con esa sabiduría que no viene dada con la edad, aunque ésta pueda ayudar algo, pues es consecuencia de la reflexión como forma de vida. Le preguntaban en televisión por la crisis del 29, que él vivió de niño, pero que luego estudió bien de catedrático. Ha dado respuestas inteligentes que los interesados en comprender lo que ocurre encontrarán en sus libros, tánto ha escrito José Luis, o rastreando el reportaje en la red, pero una pregunta que él mismo ha realizado, sin retórica, sin que mediara el periodista, se me ha quedado grabada. Nos preguntaba el maestro, también  a él mismo, cómo se explica que haya aflorado tan rápidamente el dinero para rescatar los bancos y, sin necesidad de calificativos, si ese dinero habría aparecido con la misma rapidez de haberse solicitado para solucionar una emergencia en África, o para combatir el sida... No era necesario esperar mucho para intuir la respuesta.  La economía, sí, podemos salvarla, no el ser humano, ése que debería ser la prioridad absoluta, sea quien sea, esté donde esté. José Luis Sampedro es un gran humanista, un ejemplo de lucidez. El mundo, al contrario de lo que a veces se dice, no está desierto de gente merecedora, como él, de que le prestemos toda nuestra atención. Y hagamos lo que él nos dice: intervenir, intervenir, intervenir.

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