Las lágrimas del Juez Garzón hoy son mis lagrimas. Hace años, un medio día, conocí una noticia que fue de las mayores alegría de mi vida: el procesamiento de Pinochet. Este medio día he recibido otra noticia, ésta de las más tristes y desesperanzadas: que quien se atrevió con los dictadores ha sido apartado de la magistratura por sus pares. O mejor dicho, por jueces que nunca procesaron a Pinochet ni oyeron a las víctimas del franquismo.Garzón es el ejemplo de que el campesino de Florencia no tenía razón cuando, en plena Edad Media, hizo sonar las campanas de su iglesia a difuntos ya que, dijo, la justicia había muerto. Con Garzón sabíamos que las leyes y su espíritu estaban vivos porque le veíamos actuar. Con el apartamiento de Garzón de la Audiencia Nacional de España las campanas, después del repique a gloria que harán los falangistas, los implicados en el caso Gurtell, los narcotraficantes, los terroristas y los nostálgicos de las dictaduras, volverán a sonar a muerto, porque la justicia y el estado de derecho no han avanzado, no han ganado en claridad y quien no avanza, retrocede. Tocarán a muerto, sí, pero millones de personas saben señalar el cadáver, que no es el de Garzón, esclarecido, respetado y querido en todo el mundo, sino de quienes, con todo tipo de argucias, no quieren una sociedad con memoria, sana, libre y valiente.
En El cuaderno de Saramago, en 14 mayo de 2010

El perro es una especie de plataforma donde los sentimientos humanos se encuentran. El perro se acerca a los hombres para interrogarles sobre qué es eso de ser humano.
Planeta Humano, Madrid, nº 35, enero de 2001
José Saramago en sus palabras
Todos estamos hechos de ruindad e indiferencia.
Turia, Teruel, nº 57, 2001
José Saramago en sus palabras
La pregunta “¿quién eres tú?” o “¿quién soy yo?” tiene una respuesta muy fácil: uno cuenta su vida. La pregunta que no tiene respuesta es otra: “¿qué soy yo?”. No “quién” sino “qué”. El que se haga esa pregunta se enfrentará a una página en blanco, y no será capaz de escribir una sola palabra.
El Universal, México D.F., 16 de mayo de 2003
José Saramago en sus palabras
Somos mucho más hijos del tiempo en que nacemos y vivimos, que del lugar donde nacimos.
Rebelión, Cuba, 12 de octubre de 2003
José Saramago en sus palabras