Martes, 21 de Octubre 2008
¿Habrá universos paralelos? Ante las variadas “pruebas” presentadas al tribunal de la opinión pública por los autores que se dedican a la  ficción científica, no es difícil creer que sí, o, por lo menos, estar de acuerdo en ceder ante la temeraria posibilidad, lo que no se le niega a nadie, es decir, el beneficio de la duda. Pues bien, suponiendo que realmente existan tales universos paralelos, será lógico y creo que inevitable tener que admitir igualmente la existencia de literaturas paralelas, de escritores paralelos, de libros paralelos. Un espíritu sarcástico no dejaría de recordarnos que no es necesario ir muy lejos para encontrar escritores paralelos, más conocidos por plagiadores, aunque nunca llegarán a ser plagiadores del todo porque algo de su propia cosecha se sentirán en la obligación de poner en la obra que firmarán con su nombre. Plagiador absoluto fue Pierre Menard que, según dice Borges, copió el Quijote palabra por palabra, e incluso así el mismo Borges nos advirtió que escribir el término justicia en el siglo XX no significa lo mismo (ni es la misma justicia) que haberlo escrito en el siglo XVII... Otro tipo de escritor paralelo (también llamado negro o, más modernamente, ghost) es el que escribe para que otros gocen la supuesta o auténtica gloria de ver su nombre escrito en la cubierta de un libro. De esto trata, aparentemente, la novela – Budapest - de Chico Buarque de Holanda, y si digo  “aparentemente” es porque el escritor “fantasma” cuyas grotescas aventuras vamos acompañando divertidos, si bien al mismo tiempo apiadados, es solo la causa inconsciente de un proceso de reiteraciones  sucesivas que, si no llegan a ser de universos ni de literaturas, sin duda lo serán, inquietantemente, de autores y de libros. Lo más desasosegador, sin embargo, es la sensación de vértigo continuo que se apoderará del lector, que en cada momento sabrá donde estaba, pero en cada momento no sabe donde está. Sin aparentar pretenderlo, cada página de la novela expresa una interpelación “filosófica” y una provocación “ontológica”: ¿qué es, por fin, la realidad?  ¿quién soy yo en eso que me enseñaron a llamar realidad? Un libro existe, deja de existir, existirá otra vez. Una persona escribe, otra firma, si el libro desaparece ¿también desaparecerán ambas? Y si desaparecieran, ¿desaparecerían en la totalidad, o solo en parte? Si alguien sobrevive, ¿sobrevive en éste, o en otro universo? ¿Quién seré yo, si habiendo sobrevivido, no soy ya quien era? Chico Buarque arriesgó mucho, escribió cruzando un abismo sobre un alambre, y llegó al otro lado. Al lado donde se encuentran los trabajos ejecutados con maestría, la de la lengua, la de la construcción narrativa, la del simple hacer. No creo equivocarme diciendo que algo nuevo sucedió  en Brasil con este libro.

publicado por Fundação Saramago
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