Miércoles, 12 de Agosto 2009
El rey así es el Sr. D. Duarte de Bragança, persona medianamente instruida gracias a los preceptores que le pusieron nada más nacer, aunque, pese a eso, detesta la literatura en general y lo yo que escribo en particular, primero porque considera que en Memorial do Convento le insulté a la familia y en segundo lugar porque la dicha obra es, de acuerdo con su refinado lenguaje de pretendiente al trono, una “gran mierda”. No leyó el libro, pero es evidente que lo olió. Se comprende, por tanto, que, durante todos estos años, no haya incluido al Sr. D. Duarte, de Bragança, que quede claro, en la elegida lista de mis amigos políticos. No me importa recibir una bofetada de vez en cuando, pero la virtud cristiana de ofrecerle al agresor la otra mejilla es virtud que no cultivo. Me he desquitado apreciando debidamente las cualidades de humorista involuntario que este nieto del señor D. João V manifiesta siempre que tiene que abrir la boca. Le debo algunas de las más sabrosas carcajadas de mi vida.Pero esto se acabó, la monarquía ha sido restaurada y hay que tener mucho cuidado con las palabras, no vayan a aparecer por ahí, redivivos, el intendente Pina Manique o el inspector Rosa Casaco. ¿Cómo que restaurada la monarquía? Preguntarán mis lectores, estupefactos. Sí señor, restaurada, lo afirma quien tiene las mejores razones para decirlo, el propio pretendiente. Que ya no es pretendiente, puesto que la monarquía nos acaba de ser restituida con el drapear de la bandera azul y blanca en el balcón del Ayuntamiento de Lisboa. Los mozos del 31 de la Armada (así se autodenominaron los escaladores) tienen ya su lugar asegurado en la Historia de Portugal, al lado de la panadera de Aljubarrota de la que se duda que llegara a matar a algún castellano. No es el caso de ahora. La bandera estuvo ahí durante algunas horas (¿habrá un monárquico infiltrado en el Ayuntamiento que impidiera la retirada inmediata?), se pretende averiguar quienes fueron los autores de la hazaña, es esto acabará como siempre, en comedia, en farsa, en chacota. El Sr. D. Duarte no tiene agallas para exigir en la plaza pública, ante la población reunida, que le sean entregados la corona, el cetro y el trono.Es una pena que una tan gloriosa acción vaya a acabar así. Pero como, en el fondo, soy una persona apacible, amiga de ayudar al prójimo, dejo aquí una sugerencia para el Sr. D. Duarte de Bragança. Cree ya un equipo de futbol, un equipo completo de jugadores monárquicos, entrenador monárquico, masajista monárquico, todos monárquicos y, si es posible, de sangre azul. Le garantizo que si llega a ganar la liga, el país, este país que tan bien conocemos se arrodillará a sus pies.

publicado por Fundação Saramago
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