Lunes, 15 de Junio 2009
Conocí a José Rodrigues Miguéis algún tiempo después de que, en el año 1959, hubiera comenzado a trabajar en la Editorial Estúdios Cor, de la que eran propietarios, a partes iguales, Manuel Correia y Fernando Canhão, y director literario Nataniel Costa. Miguéis había publicado, un año antes, el libro de cuentos Léah, excelentemente recibido por el público y por la crítica de entonces. Fue esta la primera obra suya que leí, y no necesito decir que me entusiasmó. No sé exactamente cuando conocí a Miguéis en persona, que por aquellos días estaría en Estados Unidos. Lo que sí sé es que desde la narrativa Un hombre sonríe a la muerte con media cara, publicada en 1959, hasta la romance Nikalai! Nikalai!, que aparecería en 1971, pasando por La Escuela del Paraíso y El pasajero del Expreso, ambos de 1960, Gente de tercera clase, 1962, y Está prohibido apuntar, 1964, mis contactos con José Rodrigues Miguéis fueron constantes, prácticamente diarios cuando se encontraba en Portugal, frecuentes, por carta, cuando regresaba a Estados Unidos. Esa correspondencia, que tuvo el honor de ser elegida para la tesis de doctorado de José Albino Pereira (y en el mismo plano pongo la correspondencia intercambiada con Jorge de Sena), me da derecho a decir que no he hacho mala figura en este mundo. Mi relación epistolar con Miguéis solo se interrumpió cuando salí de la Editorial, a finales de 1971. Lo vi algunas veces, pocas, después, no hube más cartas, que recuerde, pero me quedó siempre el recuerdo de una personalidad extraordinaria, con unas dotes oratorias fuera de lo común y una memoria capaz de recrear en pocas palabras las situaciones más complejas. Una simple conversación con él era un regalo real, dialogar con su brillante inteligencia hacía más inteligente al interlocutor. Personalmente, y sin querer presumir de ello, aproveché esos momentos lo mejor que pude. Murió hace casi treinta años, pero me acuerdo de él como si fuera ayer.Hoy, a las 18.30, en la Casa do Alentejo, la Fundación José Saramago organizará una sesión sobre José Rodrigues Miguéis. Además del autor de este blog, participarán especialistas de su obra, como David Brookshaw, Duarte Barcelos, José Albino Pereira, Teresa Martins Marques e Onésimo Teotónio de Almeida. Contamos con quien me está leyendo.

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Viernes, 12 de Junio 2009
También le llaman Corpus Christi y es “día de precepto” para los católicos, además de festivo oficial. Todos los fieles deberán ir a misa (que sea “día de precepto” a tal obliga) para dar testimonio de la presencia real y substancial de Cristo en la hostia. Y nada de empezar con dudas acerca de la divina presencia en la pastilla ácima como le sucedió a un sacerdote llamado Pedro de Praga, en el siglo XIII, no vaya a ser que se repita el tremebundo milagro de ver la hostia transformarse en carne y sangre, no simbólicas, sino auténticas, y tener que llevar otra vez la sanguinolenta prueba en solemne procesión a la catedral de Oviedo, como complacientemente explica Wikipedia, fuente a que en este difícil trance tuve que recurrir. El mundo era interesantísimo en aquel tiempo. Hoy, el milagro de recuperar la economía y la banca pasa por imprimir millones de dólares a una velocidad de vértigo y ponerlos a circular, llenando así un vacío con otro vacío, o, con palabras menos arriesgadas, substituyendo la ausencia de valor por un valor meramente supuesto que solo durará lo que dure el consenso que lo admite.

Pero no era de la crisis de lo quería escribir. En todo caso, como ya se verá, la mención al Cuerpo de Dios no era gratuita ni simple pretexto para fáciles herejías, como así suelen ser las mías, según canónicas y contractadas opiniones. Hace algunos días, el 28 de Mayo para ser más exactos, un boliviano de 33 años, de nombre Fraans Rilles, emigrante “sin papeles” y sin contrato, que trabajaba en una panadería en Gandia (España), fue víctima de un grave accidente, una máquina de amasar le cortó el brazo izquierdo. Es cierto que los patrones tuvieron la caridad de llevarlo al hospital, pero lo dejaron a 200 metros de la puerta con una recomendación: “Si te preguntan, no digas nada de la empresa”. Como sería de esperar, los médicos pidieron el brazo para intentar reimplantarlo, pero tuvieron que desistir de la idea ante el mal estado en que se encontraba. Lo habían tirado a la basura.

Finalmente, no quería escribir sobre el Cuerpo de Dios. Como es habitual en mí, una cosa lleva a la otra, era del Cuerpo del Hombre del que en realidad pretendía hablar, ese cuerpo que, desde la primera mañana de los tiempos, viene siendo maltratado, torturado, despedazado, humillado y ofendido en su más elemental dignidad física, un cuerpo al que ahora se le ha arrancado un brazo y al que se le ordena que se calle para no perjudicar a la empresa. Espero que los fieles que hoy hayan acudido a misa y leído la noticia en el periódico dedicaran un pensamiento a la carne sufridora y la sangre derramada de este hombre. No pido que lo pongan en un altar. Solo pido que piensen en él y en tantos como él. Se dice que todos somos hijos de Dios. No es verdad, pero con esta falsedad se consuelan muchos. Dios no le sirvió a Fraans Rilles, víctima de la máquina de amasar pan y de la crueldad de la gente sin escrúpulos que explotaba su fuerza de trabajo. Así va el mundo y no habrá otro.

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Jueves, 11 de Junio 2009
¿Qué sabemos de ti, si versos solo dejaste

Qué memoria quedó en el que fue tu mundo?

¿Del nacer al morir ganaste todos los días

O te perdieron la vida los versos que hiciste?

He retirado estas cuatro preguntas del libro “Los poemas posibles”, publicado en 1966. Hasta hoy, cuando han pasado más de cuarenta años, sigo sin encontrar respuesta para ellas. Tal vez ni la tengan.

Escribo esto en 10 de junio, aniversario de la muerte del autor de Os Lusiadas, libro fundamental de la literatura portuguesa. Camões murió pobre y olvidado, aunque hoy los escritores en lengua portuguesa viven como un honor único tener el Premio que lleva su nombre.

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Miércoles, 10 de Junio 2009
Tal vez no sea nada más que una gota de agua dulce que cae en el amargo océano del escepticismo y de la indiferencia, pero creo que deberíamos alegrarnos de una buena idea ahora puesta en marcha en España, por la Diputación Provincial de Granada, que consistirá en celebrar, anualmente, la entrada en la mayoría de edad, no sólo administrativa, sino también cívica, de los jóvenes que cumplirán los 18 años. A cada uno de ellos se le entregará la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Constitución Española y el Estatuto de Autonomía de Andalucía. Habrá, claro está, otros actos festivos, más lúdicos, con menor grado de solemnidad, aunque, como las cosas serias solo seriamente deben ser tratadas, dígase que pertrechar a los once mil jóvenes que se calcula que darán, cada año, el paso al frente que los hará entrar en un tiempo distinto, el de la responsabilización de la civilidad, pertrecharlos, digo, con esas tres piezas fundamentales no podrá dejar de contribuir para una formación más sólida, más consciente, de los nuevos ciudadanos. La idea es buena y ojala que se generalice. Hacer de la propuesta una fiesta cívica colectiva necesitará mucha creatividad y empeño, pero eso, ciertamente, no faltará.

La gota de agua dulce a que me refería al principio no cayó en el mar salado, sino en mi mano. La sorbí como si matase una sed en estos días en que la frustración sobrevino sobre muchos de nosotros, viendo como se alegran las fuerzas políticas europeas de derecha y de extrema-derecha. La democracia todavía no está en peligro, pero de nosotros depende impedir que tal suceda. Granada está en el buen camino.

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Martes, 9 de Junio 2009
Otras veces me he preguntado dónde está la izquierda, y hoy tengo la respuesta: por ahí, humillada, contando los míseros votos recogidos y buscando explicaciones al hecho de ser tan pocos. Lo que llegó a ser, en el pasado, una de las mayores esperanzas de la humanidad, capaz de movilizar voluntades simplemente apelando a lo que de mejor caracteriza la especie humana, y que creó, con el paso del tiempo, los cambios sociales y los errores propios, sus propias perversiones internas, cada día más lejos de las promesas primeras, asemejándose más y más a los adversarios y a los enemigos, como si esa fuese la única manera de hacerse aceptar, acabó cayendo en meras simulaciones, en las que conceptos de otras épocas fueron utilizados para justificar actos que esos mismos conceptos habían combatido. Al deslizarse progresivamente hacia el centro, movimiento proclamado por sus promotores como demostración de una genialidad táctica y de una modernidad imparable, la izquierda parece no haber comprendido que se estaba aproximando a la derecha. Si, pese a todo, fuera todavía capaz de aprender una lección, ésta que acaba de recibir viendo a la derecha pasarle por delante en toda Europa, tendrá que interrogarse acerca de las causas profundas del distanciamiento indiferente de sus fuentes naturales de influencia, los pobres, los necesitados, y también los soñadores, que siguen confiando en lo que resta de sus propuestas. No es posible votar a la izquierda si la izquierda ha dejado de existir.

Curiosamente, y esta es la paradoja, el político al que el título de este comentario se refiere, es precisamente el que en este momento preside los destinos del país que desde hace muchísimo tiempo viene desarrollando una política en todos los aspectos imperial y conservadora: Barack Obama. Da que pensar. Una acción política que, como vengo diciendo, pretende poco más que salvar los muebles de un capitalismo sin reglas que estuvo a punto de devorarse a sí mismo, nos parece ahora casi, casi, la realización del sueño de la izquierda. Apuesto que mucha gente, progresistas, socialistas, comunistas, anda por ahí preguntándose: “Y si Obama fuese presidente de mi partido?” Tal vez lo que llamamos ironía de la Historia sea algo así como esta situación… Tal vez sea, solamente, la importancia del factor personal.

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