Domingo, 16 de Noviembre 2008
Me dicen que las entrevistas han valido la pena. Yo, como de costumbre, lo dudo, talvez porque estoy cansado de oírme. Lo que para otros todavía puede ser novedad, para mí se ha convertido, con el paso del tiempo, en comida recalentada. O algo peor, me amarga la boca la certeza de que unas cuantas cosas sensatas que he podido decir durante la vida no habrán tenido, a fin de cuentas, ninguna importancia. Y ¿por qué habrían de tenerla? ¿Qué significado tiene el zumbido de las abejas en el interior de la colmena? ¿Les sirve para comunicarse unas con las otras? ¿O es un simple efecto de la naturaleza, la mera consecuencia de estar vivo, sin previa conciencia ni intención, como un manzano da manzanas sin preocuparse de si alguien vendrá o no a comérselas? ¿Y nosotros? ¿Hablamos por la misma razón que transpiramos? ¿Solo porque sí? El sudor se evapora, se lava, desaparece, más tarde o más temprano llegará a las nubes. ¿Y las palabras? ¿Adonde van? ¿Cuántas permanecen? ¿Por cuánto tiempo? Y, finalmente, ¿para qué? Son preguntas ociosas, ya lo sé, propias de quien cumple 86 años. O talvez no tan ociosas como parece si pienso que mi abuelo Jerónimo, en sus últimas horas, fue a despedirse de los árboles que había plantado, abrazándolos y llorando porque sabia que no volvería a verlos. La lección es buena. Me abrazo a las palabras que he escrito, les deseo larga vida y recomienzo la escritura en el punto en que la había dejado. No hay otra respuesta.

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Jueves, 13 de Noviembre 2008
Las iniciales significan Radio Clube Portugués, creo que no habrá ningún portugués que lo ignore. Hoy, día 13 de Noviembre, que es cuando escribo estas breves líneas, decidió la R. C. P. dedicar parte de su emisión al estreno de Blindness, la película dirigida por el realizador brasileño Fernando Meirelles sobre mi Ensayo sobre la ceguera. Pilar, que solo produce ideas buenas, creyó que deberíamos hacer una visita de cortesía a la emisora y a los presentadores de la «Ventana abierta», que así se llama el programa en causa. Allí fuimos a cubierto del más absoluto sigilo y seguros de causar una sorpresa que no sería desagradable. Lo que no imaginábamos era que nuestra sorpresa podría ser todavía mejor. Los dos presentadores habían cegado, tenían los ojos vendados por un paño negro… Hay momentos que logran ser, al mismo tiempo, emocionantes y placenteros. Este ha sido uno de ellos. Dejo aquí la expresión de mi gratitud y de mi profundo reconocimiento por la prueba de amistad que nos han dado.Oír la entrevista

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Miércoles, 12 de Noviembre 2008
Los dogmas más nocivos no son los que como tal fueron expresamente enunciados, como es el caso de los dogmas religiosos, porque éstos apelan a la fe, y la fe ni sabe ni puede discutirse a sí misma. Lo malo es que se haya transformado en dogma laico lo que, por propia naturaleza, nunca aspiró a tal. Marx, por ejemplo, no dogmatizó, pero luego vinieron pseudo marxistas para convertir El Capital en otra Biblia, cambiando el pensamiento activo por glosa estéril o por interpretación viciosa. Se ha visto lo sucedido. Um día, si fuéramos capaces de deshacernos de antiguos y férreos moldes, de la piel vieja que no nos deja crecer, volveremos a encontrarnos con Marx: talvez una “relectura marxista” del marxismo nos ayude a abrirle caminos más generosos al acto de pensar. Que tendrá que comenzar por buscar respuesta a la pregunta fundamental: “¿Por qué pienso como pienso?” Dicho con otras palabras: “¿Qué es la ideología?” Parecen preguntas de poca monta y no creo que haya otras más importantes…

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Martes, 11 de Noviembre 2008

Dirán algunos que el escepticismo es una enfermedad de la vejez, un achaque de los últimos días, una esclerosis de la voluntad. No osaré decir que este diagnóstico esté completamente equivocado, pero diré que sería demasiado cómodo querer escapar a las dificultades por esa puerta, como si el estado actual del mundo fuese simplemente consecuencia de que los viejos sean viejos… Las esperanzas de los jóvenes nunca han conseguido, al menos hasta hoy, hacer el mundo mejor, y la acedía renovada de los viejos nunca ha sido tanta que alcanzara para hacerlo peor. Claro que el mundo, pobre de él, no tiene culpa de los males que padece. Lo que llamamos estado del mundo es el estado de la desgraciada humanidad que somos, inevitablemente compuesta por viejos que fueron jóvenes, por jóvenes que serán viejos, por otros que no son jóvenes y todavía no son viejos. ¿Culpas? Oigo decir que todos las tenemos, que nadie puede presumir de ser inocente, pero me parece que semejantes declaraciones, que aparentemente distribuyen justicia por igual, no pasan, si acaso, de espurias recidivas mutantes del llamado pecado original, que sólo sirven para diluir y ocultar, en una imaginaria culpa colectiva, las responsabilidades de los auténticos culpables. Del estado, no del mundo, sino de la vida.

Escribo esto un día en que han llegado a España e Italia cientos de hombres, mujeres y niños en las frágiles embarcaciones que suelen utilizar para alcanzar los supuestos paraísos de una Europa rica. A la isla del Hierro, en Canarias, por ejemplo, llegó un barco de esos, llevando dentro a un niño muerto, y algunos náufragos declararon que durante el viaje murieron y fueron arrojados al mar veinte compañeros de martirio… Que no me hablen de escepticismo, por favor.

[caption id="attachment_219" align="aligncenter" width="450" caption="Inmigrantes llegando a la isla de Lampedusa (Italia), Agosto de 2007. Fotografía de Sara Prestianni, de su álbum Storie migrante."]Lampedusa[/caption][caption id="attachment_221" align="aligncenter" width="300" caption="Los inmigrantes se ven obligados a arrojar al mar a sus propios compañeros muertos."]Cuerpo flotando[/caption][caption id="attachment_220" align="aligncenter" width="300" caption="Un inmigrante exhausto descansa entre los turistas que toman el sol en la playa de Tuineje en Fuerteventura (Islas Canarias), después de llegar en un pequeño bote motorizado junto a otros 36 immigrantes. Viernes 5 de Mayo de 2006. "]Exhausto en la playa[/caption]

Fotografías por cortesía de Noborder Network, en su galería de Flickr. Licencia Creative Commons.Ver Galería Completa.Más información de Storie migranti de Sara Prestianni.

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Lunes, 10 de Noviembre 2008
La referencia a Martin Luther King en el texto anterior de este blog me hizo recordar una crónica publicada en 1968 o 1969 bajo el título de “Receta para matar a un hombre”. Aquí la dejo otra vez como sentido homenaje a un verdadero revolucionario que abrió los caminos que aceleraron el final próximo y definitivo de la segregación racial en Estados Unidos.

Receta para matar a un hombre

Se toman unas decenas de quilos de carne, huesos y sangre, según los patrones adecuados. Se disponen harmoniosamente como cabeza, tronco y extremidades, se rellenan de vísceras y de una red de venas y nervios, teniendo el cuidado de evitar errores de fabricación que den pretexto a la aparición de fenómenos teratológicos. El color de la piel no tiene ninguna importancia.Al producto de este trabajo melindroso se le da el nombre de hombre. Se sirve caliente o frío, según la latitud, la estación del año, la edad y el temperamento. Cuando se pretende lanzar prototipos al mercado, se les infunden algunas cualidades que los distinguirán del común: coraje, inteligencia, sensibilidad, carácter, amor por la justicia, bondad activa, respeto por el lo próximo y por lo distante. Los productos de segunda elección tendrán, en mayor o menor grado, uno u otro de estos atributos positivos, junto a los opuestos, en general predominantes. Manda la modestia no considerar viables los productos íntegramente positivos o negativos. De cualquier modo, se sabe que también en estos casos el color de la piel no tiene ninguna importancia.Mientras tanto, el hombre, clasificado con un rótulo personal que lo distinguirá entre sus contemporáneos, acabados como él en la línea de montaje, será colocado para vivir en un edificio que, a su vez, recibirá el nombre de sociedad. Ocupará uno de los pisos de ese edificio, pero será difícil que se le consienta subir la escalera. Bajar está permitido y a veces hasta facilitado. En los pisos del edificio hay muchas moradas, unas veces llamadas clases sociales, otras veces profesiones. La circulación se hace a través de canales llamados hábito, costumbre y preconcepto. Es peligroso andar contra la corriente de los canales, aunque ciertos hombres lo hagan durante toda su vida. Esos hombres, en cuya masa carnal están fundidas las cualidades que rozan la perfección, o que por esas cualidades optaron deliberadamente, no se distinguen por el color de la piel. Están los blancos y los negros, los amarillos y los pardos. Son pocos los cobrizos por tratarse de una serie casi extinta.El destino final del hombre es, como se sabe desde el principio del mundo, la muerte. La muerte, en su momento justo, es igual para todos. No lo que la precede inmediatamente. Se puede morir con sencillez, como quien duerme; se puede morir entre las tenazas de una de esas enfermedades de las que, eufemísticamente, se dice que “no perdonan”; se puede morir bajo la tortura, en un campo de concentración; se puede morir volatilizado en el interior de un sol atómico; se puede morir al volante de un Jaguar o atropellado por éste; se puede morir de hambre o de indigestión; se puede morir también de un tiro de rifle, al final de la tarde, cuando todavía hay luz del día y no se cree que la muerte esté cerca. Pero el color de la piel no tiene ninguna importancia.Martin Luther King era un hombre como cualquiera de nosotros. Tenía las virtudes que sabemos, ciertamente algunos defectos que no le menoscababan las virtudes. Tenía un trabajo para hacer – y lo hacía. Luchaba contra las corrientes de la costumbre, del hábito y del preconcepto, metido en ellas hasta el cuello. Hasta que llegó el tiro de rifle para recordarnos a los distraídos, a nosotros, que el color de la piel tiene mucha importancia.luther_king_14

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