Viernes, 10 de Julio 2009
Con los primeros calores, ya se sabe, es fatal como el destino que periódicos y revistas, y alguna vez hasta una televisión de gustos excéntricos, le pregunten al autor de estas líneas qué libros recomendaría para leer durante el verano. He tratado de esquivar la respuesta siempre, porque considero la lectura una actividad suficientemente importante para que nos ocupe todo el año, éste en que estamos y todos los que vengan. Un día, ante la insistencia de un periodista empeñado que no dejaba de llamar a la puerta, decidí solventar la cuestión de una vez por todas, definiendo lo que entonces llamé mi “familia de espíritu”, en la que, no hace falta decirlo, adoptaría la figura del último de los primos. No fue una simple lista de nombres, cada uno llevaba su pequeña justificación para que se entendiese mejor la elección de los parientes. Incluí en los Cuadernos de Lanzarote la imagen final de “árbol genealógico” que me había atrevido a esbozar y la repito aquí para ilustración de los curiosos. En primer lugar coloqué a Camões porque, como escribí en El Año de la Muerte de Ricardo Reis, todos los caminos portugueses nos llevan a él. Seguían después el Padre Antonio Vieira, porque la lengua portuguesa nunca fue más bella que cuando la escribió ese jesuita, Cervantes, porque sin el autor del Quijote la Península Ibérica sería una casa sin tejado, Montaigne, porque no necesitó de Freud para saber quien era, Voltaire, porque perdió las ilusiones sobre la humanidad y sobrevivió al disgusto, Raul Brandão, porque no es necesario ser un genio para escribir un libro genial, Húmus, Fernando Pessoa, porque la puerta por donde se llega a él es la puerta por donde se llega a Portugal (ya teníamos a Camões, pero todavía nos faltaba un Pessoa), Kafka, porque demostró que el hombre es un coleóptero, Eça de Queiroz, porque enseñó la ironía a los portugueses, Jorge Luis Borges, porque inventó la literatura virtual, y, finalmente, Gogol, porque contempló la vida humana y la encontró triste.¿Qué tal? Me Permitirán ahora los lectores una sugerencia: organicen también su lista, definan la “familia de espíritu” literario a la que más cercanos se sientan. Será una buena ocupación para una tarde en la playa o en el campo. O en casa, si el presupuesto no da para vacaciones este año.

publicado por Fundação Saramago
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