Jueves, 16 de Abril 2009
La cosa es seria, demasiado seria. Supe hace pocos días que Portugal tiene autopistas en exceso, nada menos que nueve, en total case setecientos kilómetros. Si pensamos en lo que cuesta la construcción de un solo kilómetro de esas suntuosas vías de comunicación rodoviaria en que el usuario goza prácticamente de todas las comodidades de la vida doméstica, es inevitable concluir que alguien se equivocó en las cuentas o con ellas nos ha engañado. Según la ley, o lo que para el caso se le asemeje, la apertura de una autovía requiere una cierta previsibilidad de tráfico para no caer en el viejo chiste de “ahí viene uno”, como sucede, por ejemplo, a la que va de Lisboa a Elvas, nostálgica de los tempos en que, con una modesta calificación de nacional, transportaba multitudes hasta la Pousada para comer el bacalao a Brás. Mutatis mutandis, con bacalao o sin él, esta es la situación de las ocho autopistas restantes.El desatino viene de lejos. Cuando informaron al rey D. João V del precio del carillón que iba a ser instalado en Mafra, no se contuvo y, con su ridícula prosapia de nouveau-riche, dijo: “Lo encuentro barato. Compren dos”. Y, no hace muchos años, cuando Portugal tuvo el encarga de organizar el campeonato europeo de futbol, que luego desgraciadamente no ganó, alguien dijo que necesitábamos construir unos cuantos estadios porque estábamos muy flojos en instalaciones deportivas. Imagino el diálogo: “Cuántos?”, preguntó el mandamás de la modalidad, “Con unos tres o cuatro deben bastar”, respondió el técnico, “¿Cómo que tres? ¿Cómo que cuatro?” se indignó el figura, “Diez, doce es lo que tiene que ser, seríamos unos buenos idiotas si no aprovechásemos los fondos europeos hasta verle el culo al saco”. También en este caso alguien se equivocó en las cuentas o con ellas nos ha engañado.Donde las cuentas parece que salen redondas es en el número de pobres en Portugal. Son dos millones, según las últimas informaciones. Es decir, una expresión más de nuestra histórica manía de grandeza…

publicado por Fundação Saramago
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