Viernes, 3 de Abril 2009
Santa María es el nombre de la escuela, por eso se supone que la santa propiamente dicha, la del cielo, no intervino en el asunto como, en principio, estaría obligada por su potestad. El nombre del lugar es Iquique, un puerto de mar entonces importante en el norte de Chile, en una región rica en salitre, esa mezcla de nitrato de sodio y nitrato de potasio directamente creada en el infierno, como con certeza pensarían los miles de hombres, tanto de Chile como de los países limítrofes, que trabajaban en su extracción. Estamos en 1907. Inevitable como el destino porque esa es la lógica soberana del capital, la indecente sobreexplotación de la fuerza de trabajo de esa pobre gente acabó alcanzando extremos insoportables. La huelga fue la respuesta natural. Desde los poblados mineros de las montañas comenzaron a bajar, primero cientos, luego miles de trabajadores que se concentraban en la escuela Santa María, en Iquique. Tras varios días en que los huelguistas intentaron, sin resultado, negociar, las autoridades gubernamentales, presionadas por los capitalistas extranjeros, decidieron poner fin de cualquier manera al conflicto. El día 21 de diciembre, más de tres mil personas, no solo mineros, también viejos, mujeres y niños, fueron criminalmente masacrados por las fuerzas militares convocadas para la represión. A Chile no le han faltado páginas negras. Esta fue una de las más trágicas, y de las más absurdas también.Décadas más tarde, el compositor chileno Luis Advis, un músico autodidacta de enorme talento, compuso y escribió la Cantata de Santa María de Iquique para el grupo Quilapayun. Presentada al público en los primeros años 70, la Cantata de Santa María es, todavía hoy, uno de los más altos exponentes de la Nueva Canción Chilena y de gran parte de América del Sur. Tengo aquí en DVD, noventa minutos guiados por ese mágico instrumento que es la flauta andina y por las magníficas voces de los integrantes del grupo. También yo aparezco. Pocos días antes de mi internamiento en el hospital, en noviembre de 2007, vinieron aquí para que grabarme una declaración. Aviso ya que no soy José Saramago, sino su fantasma. No hay otras imágenes mías de ese período tan chocantes. Casi me apetece pedirles que las eliminen, pero lo vivido, vivido está y no se debe negar. De todos modos, junto lado a los tres mil muertos, la modestia aconseja moderar las expansiones de una pena personal. Quedémonos por aquí.P.S. No es fácil encontrar en el mercado la Cantata de Santa María de Iquique. Se alguien está interesado en lo que acabo de escribir, hasta el ponto de querer compartir estos sentimientos, diríjase al productor ejecutivo Carlos Belmonte, cuja dirección electrónica es c.belmonte@accionvisual.com. Espero que me lo agradezcan.

publicado por Fundação Saramago
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