Las religiones, como las revoluciones, devoran a sus hijos. Hay en las religiones un processo constante de "deglución" en el que Dios es como un Moloch que exige el sacrificio humano. Suponiendo que Dios exista - y no le concedo el beneficio de la duda -, Dios no puede, por pura lógica, crear seres para destruirlos.
Expresso, Lisboa, 2 de noviembre de 1991
José Saramago en sus palabras