Martes, 11 de Noviembre 2008

Dirán algunos que el escepticismo es una enfermedad de la vejez, un achaque de los últimos días, una esclerosis de la voluntad. No osaré decir que este diagnóstico esté completamente equivocado, pero diré que sería demasiado cómodo querer escapar a las dificultades por esa puerta, como si el estado actual del mundo fuese simplemente consecuencia de que los viejos sean viejos… Las esperanzas de los jóvenes nunca han conseguido, al menos hasta hoy, hacer el mundo mejor, y la acedía renovada de los viejos nunca ha sido tanta que alcanzara para hacerlo peor. Claro que el mundo, pobre de él, no tiene culpa de los males que padece. Lo que llamamos estado del mundo es el estado de la desgraciada humanidad que somos, inevitablemente compuesta por viejos que fueron jóvenes, por jóvenes que serán viejos, por otros que no son jóvenes y todavía no son viejos. ¿Culpas? Oigo decir que todos las tenemos, que nadie puede presumir de ser inocente, pero me parece que semejantes declaraciones, que aparentemente distribuyen justicia por igual, no pasan, si acaso, de espurias recidivas mutantes del llamado pecado original, que sólo sirven para diluir y ocultar, en una imaginaria culpa colectiva, las responsabilidades de los auténticos culpables. Del estado, no del mundo, sino de la vida.

Escribo esto un día en que han llegado a España e Italia cientos de hombres, mujeres y niños en las frágiles embarcaciones que suelen utilizar para alcanzar los supuestos paraísos de una Europa rica. A la isla del Hierro, en Canarias, por ejemplo, llegó un barco de esos, llevando dentro a un niño muerto, y algunos náufragos declararon que durante el viaje murieron y fueron arrojados al mar veinte compañeros de martirio… Que no me hablen de escepticismo, por favor.

[caption id="attachment_219" align="aligncenter" width="450" caption="Inmigrantes llegando a la isla de Lampedusa (Italia), Agosto de 2007. Fotografía de Sara Prestianni, de su álbum Storie migrante."]Lampedusa[/caption][caption id="attachment_221" align="aligncenter" width="300" caption="Los inmigrantes se ven obligados a arrojar al mar a sus propios compañeros muertos."]Cuerpo flotando[/caption][caption id="attachment_220" align="aligncenter" width="300" caption="Un inmigrante exhausto descansa entre los turistas que toman el sol en la playa de Tuineje en Fuerteventura (Islas Canarias), después de llegar en un pequeño bote motorizado junto a otros 36 immigrantes. Viernes 5 de Mayo de 2006. "]Exhausto en la playa[/caption]

Fotografías por cortesía de Noborder Network, en su galería de Flickr. Licencia Creative Commons.Ver Galería Completa.Más información de Storie migranti de Sara Prestianni.

publicado por Fundação Saramago
Enlaces
Buscar
 
Entradas recientes

Soy tan pesimista que cre...

Não são os políticos os q...

[Não escrevo] por amor, m...

Homem novo

Problemas de hombres

En el centenario de Álvar...

Dona Canô

El Perro da tres vueltas

El aviador que salvó Bada...

"Entra, has encontrado tu...

Archivo

Septiembre 2013

Mayo 2013

Abril 2013

Febrero 2013

Diciembre 2012

Agosto 2012

Mayo 2012

Abril 2012

Febrero 2012

Enero 2012

Diciembre 2011

Noviembre 2011

Octubre 2011

Septiembre 2011

Agosto 2011

Julio 2011

Junio 2011

Mayo 2011

Abril 2011

Marzo 2011

Febrero 2011

Enero 2011

Diciembre 2010

Noviembre 2010

Octubre 2010

Septiembre 2010

Agosto 2010

Julio 2010

Junio 2010

Mayo 2010

Febrero 2010

Enero 2010

Diciembre 2009

Noviembre 2009

Octubre 2009

Septiembre 2009

Agosto 2009

Julio 2009

Junio 2009

Mayo 2009

Abril 2009

Marzo 2009

Febrero 2009

Enero 2009

Diciembre 2008

Noviembre 2008

Octubre 2008

Septiembre 2008

Categorias

todas as tags

Suscribir RSS