Domingo, 9 de Noviembre 2008
Rosa Parks, no Rosa Banks. Un lamentable fallo de memoria, que no será el primero y ciertamente tampoco el último, me hizo incurrir en uno de los peores deslices que se pueden cometer en el siempre complejo sistema de relaciones entre personas: atribuirle a alguien un nombre que no es el suyo. Salvo al paciente lector de estas sencillas líneas, no tengo a quien pedirle que me disculpe, pero es suficiente, para verme castigado por el descuido, el sentimiento de intensa vergüenza que se apoderó de mí cuando, enseguida, me di cuenta de la gravedad de la equivocación. Admito que pensé dejarlo correr, pero aparté la tentación, y aquí estoy para confesar el error y prometer que de ahora en adelante tendré cuidado y verificaré todo, hasta esas cosas que creo saber a ciencia cierta.No hay mal que por bien no venga, dice la sabiduría popular, y talvez sea verdad. De esta manera tengo la oportunidad de volver a Rosa Parks, aquella costurera de 42 años que, viajando en un autobús en Montgomery, en el estado de Alabama, el día 1 de Diciembre de 1955, se negó a cederle su lugar a una persona de raza blanca, como el conductor le había ordenado. Este delito la condujo a la prisión bajo la acusación de haber perturbado el orden público. Hay que aclarar que Rosa Parks iba sentada en la parte destinada a los negros, pero, como la sección de los blancos estaba completamente ocupada, la persona de raza blanca quiso el asiento que ella ocupaba.En respuesta al encarcelamiento de Rosa Parks, un pastor baptista relativamente desconocido en ese tiempo, Martin Luther King, organizó protestas contra los autobuses de Montgomery, lo que obligó a las autoridades del transporte público a acabar con la práctica de la segregación racial en esos vehículos. Fue la señal para desencadenar otras manifestaciones contra la segregación. En 1956 el caso de Parks llegó finalmente al Tribunal Supremo de los Estados Unidos, que declaró que la segregación en los transportes era anticonstitucional. Rosa Parks, que desde 1950 estaba incorporada a la Asociación Nacional para el Avance del Pueblo de Color (National Association for the Advancement of Colored People), se vio convertida en icono del movimiento de derechos civiles, para el que trabajó durante toda a su vida. Murió en 2005. Sin ella, talvez Barack Obama no sería hoy el presidente de Estados Unidos.

publicado por Fundação Saramago
Enlaces
Buscar
 
Entradas recientes

Soy tan pesimista que cre...

Não são os políticos os q...

[Não escrevo] por amor, m...

Homem novo

Problemas de hombres

En el centenario de Álvar...

Dona Canô

El Perro da tres vueltas

El aviador que salvó Bada...

"Entra, has encontrado tu...

Archivo

Septiembre 2013

Mayo 2013

Abril 2013

Febrero 2013

Diciembre 2012

Agosto 2012

Mayo 2012

Abril 2012

Febrero 2012

Enero 2012

Diciembre 2011

Noviembre 2011

Octubre 2011

Septiembre 2011

Agosto 2011

Julio 2011

Junio 2011

Mayo 2011

Abril 2011

Marzo 2011

Febrero 2011

Enero 2011

Diciembre 2010

Noviembre 2010

Octubre 2010

Septiembre 2010

Agosto 2010

Julio 2010

Junio 2010

Mayo 2010

Febrero 2010

Enero 2010

Diciembre 2009

Noviembre 2009

Octubre 2009

Septiembre 2009

Agosto 2009

Julio 2009

Junio 2009

Mayo 2009

Abril 2009

Marzo 2009

Febrero 2009

Enero 2009

Diciembre 2008

Noviembre 2008

Octubre 2008

Septiembre 2008

Categorias

todas as tags

Suscribir RSS